Como Sal Paradise y Dean Moriarty en un buick de segunda mano pusimos rumbo a la génesis de todos los caminos. Nosotros éramos cuatro, pero eso da igual.
Carmelo, un mago aficionado a la destilación clandestina de orujo, esperaba, entre colosos de cristal y acero la hora de nuestra cita. Carmelo se sentía como un fotógrafo del national geographic que dentro de una jaula de titanio era sumergido en un mar de tiburones blancos. Los escualos pasaban cerca, incluso algunos se detenían a tan solo un par de palmos de los barrotes y mostraban sus afilados dientes a un entusiasmado Carmelo, que conseguía observar, desde su privilegiada posición, los restos ensangrentados del último escritor que habían devorado.
Just a regular guy.
Brian volvía a casa desde Manhattan. Metro hasta Penn Station. Tren hasta LongIsland y coche hasta casa por autopista. Dos horas en total, dependiendo del tráfico. Conducia un Hunday y escuchaba Linkin Park en su mp3. Avanzaba por la izquierda de la via a buena marcha cuando advirtió la presencia de otro vehículo en el mismo carril. Redujo cuidadosamente, celoso de las revoluciones, y se colocó detrás de él. Esperó. Muy poco antes de destellar sus luces en el retrovisor del otro conductor. El otro. Se apartó.
Tomó su salida y se dirigió a casa. Se detuvo a comprar tabaco en el Deli de su barrio. Saludó a Zack con una sonrisa, lo conocía del instituto, y se dirigió al fondo, a por la cerveza. La Coors, se ha convertido de verdad en un problema, pensaba Brian de camino a las neveras. Ya empezaba a ver a la Bud como algo viejo, gastado.
Entraron dos jóvenes armados en ese momento. Encañonaron a Zack, Zack intentó coger su pistola de debajo del mostrador y los jóvenes armados en ese momento se asustaron y Zack se llevó una bala en el pecho. Los jóvenes se marcharon. Brian se acercó al poco rato. Comprobó la calle; se habían ido. El dinero todavía estaba en la caja. Brian cojió el dinero. Levantó el teléfono y llamó al 911. Zack soltó un gemido. Vaya, pensó Brian, tenía suerte, el cabronazo.
Tomó su salida y se dirigió a casa. Se detuvo a comprar tabaco en el Deli de su barrio. Saludó a Zack con una sonrisa, lo conocía del instituto, y se dirigió al fondo, a por la cerveza. La Coors, se ha convertido de verdad en un problema, pensaba Brian de camino a las neveras. Ya empezaba a ver a la Bud como algo viejo, gastado.
Entraron dos jóvenes armados en ese momento. Encañonaron a Zack, Zack intentó coger su pistola de debajo del mostrador y los jóvenes armados en ese momento se asustaron y Zack se llevó una bala en el pecho. Los jóvenes se marcharon. Brian se acercó al poco rato. Comprobó la calle; se habían ido. El dinero todavía estaba en la caja. Brian cojió el dinero. Levantó el teléfono y llamó al 911. Zack soltó un gemido. Vaya, pensó Brian, tenía suerte, el cabronazo.
Estilo Carver
Te has vuelto a pasar de salida –dijo ella.
Tomás miró por la ventanilla. No –dijo- es la siguiente.
María plegó el mapa con precisión y lo dejó sobre el salpicadero.
-Te has pasado –dijo- Tardaremos 40 minutos en dar la vuelta otra vez.
- No –dijo Tomás- Es la siguiente.
Guardaron silencio durante unos segundos.
- ¿Ves? –dijo por fin.
Tomás miró por la ventanilla. No –dijo- es la siguiente.
María plegó el mapa con precisión y lo dejó sobre el salpicadero.
-Te has pasado –dijo- Tardaremos 40 minutos en dar la vuelta otra vez.
- No –dijo Tomás- Es la siguiente.
Guardaron silencio durante unos segundos.
- ¿Ves? –dijo por fin.
Hijo de Satanás
Es el relato de Bukowski preferido de Sebastian. Hijo de Satanás es perfecto para él. Aglutina en poco más de dos páginas de prosa (bastante pulida y educada) todo lo que Sebastian quiere contar y no puede. Toda esa tensión, todos esos sentimientos ocultos tras el cinismo y la desesperación. Todo ese odio domesticado.
Hijo de Satanás es el relato que Sebastián lee cada noche antes de acostarse. Le hace sentirse menos solo, menos desgraciado, menos impotente ante su vida de mierda.
Hijo de Satanás es el relato que Sebastián lee cada noche antes de acostarse. Le hace sentirse menos solo, menos desgraciado, menos impotente ante su vida de mierda.
Ordenador Personal.
Perdona –dijo ella- pero ese es mi ordenador.
¿Cómo? –dijo él dándose la vuelta en la silla. Estaba sin camiseta, con el pelo todavía alborotado de dormir.
Mi ordenador personal –repitió ella acercándose y cerrando el portátil.
¿Cómo? –dijo él dándose la vuelta en la silla. Estaba sin camiseta, con el pelo todavía alborotado de dormir.
Mi ordenador personal –repitió ella acercándose y cerrando el portátil.
Contexto.
…¿Qué pasa con Lou Reed? ¿y con Salinger? Lo superimportante que fue el disco Transformer ¿no? su primer disco en solitario, o lo superimportante que fue El guardían entre el centeno en la literatura de postguerra ¿no? Todo, todo superimportante. Y luego escuchas las canciones, lees los textos, y si, vale, no están mal, pero ¿Qué tienen de especial ahora, fuera del CONTEXTO? Cero, nada. Canciones de mierda, parecidas a otras. Lo hacen para marcar puntos de inflexión y control dentro de la conspiración en la que nos tienen encerrados. El dinero gobierna la cultura que llega a nuestras manos...
El Mayúsculo Error.
El error fue creer que la escuela se acaba. Todo se acaba en la vida menos la escuela.
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